Tres poemas de «Pasajero» de Néstor Mendoza

Jean Pierre Díaz


Breve anatomía

Temprano, antes de que despiertes,
abro la ventana, veo el árbol que tapa
el edificio de enfrente.
La construcción avanza
y rápidamente los árboles dejan de ser paisaje.
Las máquinas son grandes
pero no llegan a la altura de los cerros.

Los insectos entran por la ventana y espantan.
(Lo breve asusta y su analogía con la muerte).

Dentro del cuarto,
todo lo que admiro duerme en mi cama,
tiene cuerpo delicado y menstruación.
Ese cuerpo duda,
se cuestiona, mira su cara
varias veces antes de maquillarse.
Por el hábito de amarla,
todo transcurre con poco esfuerzo.

La anatomía es asunto de percepción,
de cómo se vea lo que ella enseña y esconde.


*


Pasajero

El abrazo de los pasajeros
en este espacio limitado;
el abrazo accidental que nadie pide,
que llega como ofrenda.

Cuerpos extraños se acercan,
brazos que sujetan el acero,
hombres con sus viandas cruzadas en el pecho.

Hay un poco de inocencia
en estos perfiles:
algunos cierran los ojos
en un sueño momentáneo,
se dejan detallar, auscultar.
Sin que lo noten, prestan una mueca íntima,
un gesto breve.
Admiro a las personas que duermen
en el autobús, ofrendan el sueño y no lo saben.

El pasajero anciano y el pasajero joven
se encuentran en el mismo asiento,
comparten la misma ruta y no lo saben.
Se dejan llevar a otra avenida, para extraviarse,
mudar de una vez el trayecto establecido.

La mujer que anticipa su parada
se desplaza entre tantos,
rozan su cuerpo y nada dice.

El riesgo me ha hecho que mire a la cara,
ver qué hay en los ojos, si hay maldad dormida.
Gente buena me mira, en el bus, y escarbo
su costado amable, muy adentro.
La mirada serena cuesta mucho.
Repito una oración incompleta,
que me sirva de ángel, que salve el trayecto.

El semáforo es una buena excusa
para pensar en los trámites del día.
Es suficiente la transición
sin pautas del rojo al verde,
es mi casa la brevedad del amarillo,
los tres segundos
que unen ambos colores.


*


Espantapájaros

a Arnaldo Jiménez

Las aves habitan mi cabeza.

Lo que alguna vez fue garganta, ahora es un
pequeño nido que esconde varios pichones:
aunque siempre tengo hambre, nunca me los
tragaría. Solo dejo que estén allí, recibiendo
lombrices y el calor de otras plumas.
Tanta costumbre, tantos vuelos,
ascensos y descensos, cambiaron mi fisonomía.

En este par de estacas cruzadas,
                        sin nadie a la izquierda
ni a la derecha, revive una antigua escena
de centuriones y lanzas en el costado.

Sostengo a diario el peso del cuerpo,
no permito que un hilo suelto invite a la
desnudez. Algunas veces, lo tomo con ambas
manos, con fuerza, nervioso, para que no se
descosa: la tela es demasiado débil.

Los pájaros comen,
mi corazón de trapo late en sus picos.


Néstor Mendoza (Maracay, 1985). Es licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Obtuvo el IV Premio Nacional Universitario de Literatura con el libro Andamios (Editorial Equinoccio, 2012). Cursó estudios en Literatura Latinoamericana (Upel-Maracay). Forma parte del comité de redacción de la revista Poesía (UC) y de la comisión de cultura de la Feria Internacional del Libro de la UC (FILUC). Sus poemas han aparecido en las publicaciones electrónicas nacionales e internacionales; y en revistas como Poesía (UC) y Alhucema (Granada, España). Los poemas de esta selección pertenecen a su libro Pasajero (dcir ediciones, 2015).

Siete poemas de Pamela Rahn Sánchez

@Deerandbeard

El Acantilado

Dejarlo así
quieto sin alboroto

Entretenido
para que
podamos caminar tranquilos
en la noche

Yo por tú lado
Tú por el mío

Entretejiendo esta soledad con un hilo rojo

Aflojar la cuerda
que los acordes no sean mas que chillidos

Prender la vela
con la luz apagada
apretar fuerte los dedos contra los ojos

Asumir la intermitencia del espacio

Cerrarte la boca con ternura
para dejar de oír tu ronquido profundo

Guardar a la bestia en el cajón

Reencontrarla
luego en otra vida
sabiendo que fue nuestra

Dejarlo así
llamarla
para que acabe con todo

quedarnos en silencio

poner nuestros cuerpos en orden
y volver a empezar

en el borde filoso del acantilado.


*


¿Porque los hombres necesitan hablar?

Un hombre tras una pecera
habla y habla

Y una muchacha se sienta, distante
observando el movimiento de los peces

El hombre sigue
con su cerveza
                          y su musculo verbal
                          y su emoción.


La muchacha tan solo observa
aquella calma absurda en el fluir de las aletas

El le ofrece un cigarro y ella lo acepta

El movimiento del humo
le recuerda a los peces
presos en aquel tanque de oxigeno.

El hombre intenta caminar despacio
quitarle las arrugas a su franela
conversar sobre una montaña o un poema

Aferrarse a cualquier lugar
que logre contener
el silencio.

Algunas sombras los persiguen.

Un rayo de luz les quema las pupilas.

Sin ojos
logran mirarse.

Nunca hubo mejor conversación.


*


El mar sin orilla

Aun recuerdo tus pies
sobre la ceniza de un lenguaje que nunca comprendí
pobres los seres que han mutilado sus lenguas en el olor del mar
Agustín Guambo


Sentada en un mar sin orilla

Había ahogado con sal
todo el delirio que guardaba para la noche

Mi cuerpo ausente pedía a gritos
cualquier otra sombra

Las piñas coladas
hacían su credo entre mis huesos
buscando el instante
en donde el lenguaje
haría ceniza
tu boca

Taladraban en mi mente
los lugares comunes

Vivir sin él
     Comprender la lujuria a momentos
                                         No tener miedo a la locura

La húmeda arena
tomaba la forma de un payaso

un actor capaz de hacer lo que sea

Un mar que amenazaba con ser otra mascara

No sabias reírte de mi cobardía
Bajabas tu traje de baño
de a poco
dispuesto a la desnudez en medio de la noche

Pretendías anestesiar los rostros que iban muriendo
hundidos en su propia eternidad

Me incitabas a una estúpida imitación
Un juego de espejos

Y tu desnudez se volvía cada vez mas ridícula

Tuve miedo y vergüenza

Accedí a bañarme
con un short una camisa un gorro que el mar luego se llevo

Cuando ya no me importaba nada más
mi cuerpo azul se unió al agua
ocupando el mismo transito que los peces

Y tu nadabas hacia el fondo
sin miedo a la noche
o a las tiburones que aletargados en nuestra memoria
nos mordían ya las piernas

Luego volviste
medio ebrio
arrastrando tu sombra
queriendo hacer del tiempo
una semilla en las manos del diablo

pero ya era tarde

Habías mutilado nuestro amor
con un par de palabras
y un traje de baño prestado


Me picaba el cuerpo

Mas tarde te daría fiebre alta

Y yo te abrazaría con cariño
hasta quedarnos dormidos.


*


El público

Es lo mismo:

La ausencia siempre te lleva a la caída

Corres
por el mismo camino empedrado

Los hombres te saludan con las manos mojadas

Después de una larga aprobación
hay muchas formas de complacerte ante el espejo

Pero en el silencio
del vidrio
nada importa

Todo vuelve

Decides ocupar un puesto en el féretro

Lanzarte al agua helada
esperando congelarte
ante el aplauso del público

Escondes tu cuerpo
como quien esconde algo bajo su almohada
porque sabe que es peligroso

Y nadie asume

lo obvio.


*


La paz interior

Cada persona parece levitar
sobre un suelo volcánico
completamente desnuda

¿El verdadero lujo?


El sosiego
que reciben

los rincones.


*


Mi alma tan idiota

Se acerca la filosofía a nuestro cuello

Los dos a oscuras
en posición vertical a la luz
                                                    dormimos sobre sabanas blancas
                                              como si la noche terminara dentro de nosotros mismos.

Una emanación parasitaria

Dos cuerpos pasivos
que se necesitan
pero contener el silencio.

     Se debe a que padecemos de una infinita pereza
     por eso nos concentramos en callar el canto.

Ya el silencio dejo de vernos
                          Se ha vuelto ciego
Abatido por las voces
asume nuestras palabras como monstruos medievales
Derivaciones de una noche borrosa
que fue extraña           porque no pudo ser intima

ajustada como un guante
a nuestro muñón de alma
(citando a Andrade)

Estamos juntos
la cama
Es grande         demasiado grande

Lo sabemos.

El espacio vacío apremia algún calor

Tus piernas sobre las mías
sin rodeo
con un descaro infinito
tan cálidas
que se derriten
encima

y zumban con todo su poder
en mi alma

tan idiota.


*

Pequeña oración al dios azul de la poesía

He descubierto que en el poema siempre hay algo de futuro
un incierto acuerdo con el presente que aun no sucede

Le he dicho al lenguaje:

Deja
en paz
mi vida

Oración

Ficción enternece mi desidia
Ficción turbia ficción apiádate de mi soledad
de mi indomable soledad
de las ganas que tengo de no ensuciar lo rojo

Esa llama rojita que late dentro de mí

Ficción hazme tuya
como yo te hice mía
No me dejes ir
Venga en mi tu reino
Ficción apiádate de mi

Quiero escribir un poema de algo que yo llamo amor

Las luciérnagas van a morir a la luz

Es así como mueren
Suicidas y torpes

El amor es una luciérnaga

El amor no puede ser eso

No el amor en definitiva no es una luciérnaga

El amor es un cuervo

El amor se come a los muertos
y es grande y viril
Y da miedo

El amor es un pájaro
El pájaro mas importante

El amor no es un pájaro azul
Bukowski estaba equivocado

Otra vez me auto saboteo

E s t o y

b i e n

No ves que estoy bien dios azul
que estaba tratando de hacerlo bien

Dios
Pequeño dios azul

Estaba oyendo suaves trompetas en los lugares donde había música
Sí ahora sí las oigo
No estoy confundiéndolo todo

Mis oídos oyen la música donde existe la música

Aquí
hay
música

Tararean en mi oído una canción interminable

Pero sigo reclamando lugares que me corresponden
como ataúdes

Hablando en torno de abstracciones y ausencias

Me gusta sufrir con las palabras
es la verdad

Tal vez no he leído demasiado a Rimbaud
pero entiendo la marca de quien ha querido
transformar su vida en poema

Y ha terminado haciendo del poema la vida misma
Sin siquiera darse cuenta

Por favor no lo hagas
por lo que más quieras

NO LO HAGAS

Déjame ser feliz en el poema dios azul

Solo se escribir de ausencias
de lugares a los que vuelvo para sangrar

Porque la poesía es un puño

Y el amor

El amor es una bestia de miel
que se derrite en mi lengua

El amor prepara un combate

Quiero
combatir
con valentía

Guerrera de trenzas largas
Guerrera post moderna que compite contra su propia voz

Con la sonrisa estoica de quien sabe que ganara
Guerrera que ilumina en la penumbra la cara del oponente

Yo quiero que el poema sea esa sonrisa
esa absurda simpatía por el peligro

Yo quiero que el poema
Sea el blanco de mis ojos abiertos
como lámparas de neón
en el ring

Las voces del público
diciendo entre murmullos
que seré la ganadora

sin siquiera haber comenzado a pelear

Yo quiero que el poema sea eso
algo que muera
iluminándolo todo

o algo que nunca muera


Yo quiero que el amor se convierte en este poema.



Pamela Rahn Sánchez (Caracas, 1994). Realizadora Cinematográfica mención Guión. Creadora del fanzine BIPOLAR. Autora del libro El peligro de encender la luz (2016) y la plaquette Flores muertas en jarrones sin agua (2017). Sus poemas han sido publicados en diversas revistas web. Forma parte de antologías como Cosmoanónimos (Editorial El Dispensario, 2015) y “Amanecimos sobre la palabra” (Team Poetero Ediciones, 2017).

Selección «No» Todos los Poemas de Miyó Vestrini

Intervención y fotografía por Katherine Gomes

El ojo

Colgué de mi muñeca el ojo de vidrio
azul y negro.
No pude recordar quién me lo había regalado,
pero si tienes un ojo medio muerto,
cargar uno totalmente muerto,
en la muñeca,
puede salvarte.
Silenciosos y atemorizados,
cualquier pedazo
de cualquier cosa,
puede
de repente,
decir palabras.
El ojo parpadeó
a las seis de la mañana
cuando me levanté
para preparar desayunos,
desvanecida por la taquicardia del ron.
Se durmió mientras seguía la ruta cotidiana
y le explicaba,
mira,
aquí había un árbol y
ahora unos camiones botan cemento.
Le comenté lo espantoso que es
ir todos los días
al mismo sitio
por el mismo camino.
Llegando a la fundación,
susurró,
llévame a casa, no soporto tus habladurías.


*


XIII
A Germán

Si yo hubiera tenido un padre borracho y alegre,
un padre de esos que cruzan el páramo a caballo,
dejando que el frío cale hondo,
el desconsuelo sería más pequeño.
Si yo hubiera tenido un padre burlón,
de esos que llegan de madrugada
buscando el fogón prendido
y el café
y la cobija caliente,
sabría cantar, beber, enamorar,
como lo hacen todos los padres de pueblos.


*


La historia de O

Cuando despiertes
guarda silencio
descubre el goce

Acepta la desmedida
clama por la sumisión
niégate a los argumentos
enójate por todo exceso de amor

el agua de los sepulcros estará en ti
                                                    agua de rezos y pantanos
lo insoportable vendrá después
cuando el viento levante olas en los estanques
y no puedas ver
                        como desapareces bajo la tierra.

*

El llanto

Siempre hay una habitación a oscuras
para tener lágrimas tras las persianas
sobre las rodillas
el papel se deja amar
y los muebles celebran el silencio.
Es el instante de la certidumbre
de las manos quietas en la mesa de fórmica
tenemos penas
y afuera
todos
todos lo ignoran.

*

XIX

A Mary
El cuello
hermoso y largo
doblado hacia las piernas
piensa
       las palabras los balbuceos el niño el mercado la oficina
       el atardecer los manotazos la cama el café el servicio
       el arroz la literatura el mercado el automóvil el ginecólogo
       las pinzas el éter los parientes el dinero los recibos
       el periódico la muerte la revolución el campo la cia
       los candidatos los ratones el i ching las pantuflas el
       rubor la crema de día la crema de noche el lavado el trago
       la espiral la muerte el mercado la vecina los golpes
       el teléfono las facturas la casa
                                    y grita.


*


Extraño adivinador de palabras

A Alfonso

Mi bebé
niño grande
extraño adivinador de palabras
                                 vas a crecer
con ojos de pomarrosa abiertos a la lluvia
                                 a la escarcha
y serás como de pájaros y faroles
Nunca faltará algún idiota
                                 que te hable mal de los profetas.
Cuando eso ocurra,
márchate al pueblo donde nació tu padre
y búscate una casa
                               donde canten las chicharras.


*


Beatriz

Con pene o sin él,
hay cosas que no se pueden hacer
cuando se comienza a sudar
o cuando duele la próstata.
Por eso se suicidó Beatriz
a los cincuenta y tres años.
No quiso participar en la grotesca ceremonia
del elogio a la decadencia.
Cubrió todos los espejos
y colocó sábanas de satén en la cama..
Se suponía que moriría allí,
pulcra y perfumada,
desoyendo al roedor que le mordía la respiración.
Pero prefirió el sofá,
donde había hecho el amor anoche,
con un fiestero profesional,
alquilado para la ocasión.
Dejó una lista
de equivocaciones y aciertos.
La escritura es lo de menos, anotó,
y estampó su firma con letra pequeña,
para que creyeran que era apócrifa.


*


He preparado tu muerte a plena luz del sol

He preparado tu muerte
a plena luz del sol.
Oirás los demonios
en la penumbra del pecho materno:
yertos
quemantes
esperan por ti.
Hasta la más simple palabra
ruego mato grito muero
será descomunal.
Sumadas las explicaciones de rigor
¿quien atenderá las advertencias,
la voz de alto,
la verdadera ira de los suicidas?


*


La pena

¿Te quedarás un tiempo?

me quedaré
hasta cuando cuentes tu último sueño

no le temas a la calma que ronda
o al ruido de la seda recién lavada

no hagas apetencias de esta desesperanza
de esta desdicha tan simple

¿Te quedarás un tiempo?
claro,

hasta que vengan por nosotros.


Miyó Vestrini (Francia 1938-Venezuela 1991). Marie-Jose Fauvelle Ripert, poeta y periodista cultural. Formó parte de los grupos literarios el Techo de la Ballena y  Apocalipsis. Se desempeñó en el diario El Nacional y la revista CriticArte. Fue agregada de prensa en la Embajada de Venezuela en Roma y jefa de prensa en Cancillería. En dos oportunidades ganó el Premio Nacional de Periodismo. Su trabajo literario abarca poesía, narrativa y dramaturgia. Publicó su obra poética en Las historias de Giovanna (1971), El próximo invierno (1975), Pocas virtudes (1986) y Valiente ciudadano (póstumo,1994). Su obra poética se encuentra reunida en el libro Todos los Poemas publicado por Monte Ávila Editores del cual se ha extraído esta selección.

Dos poemas de Ramón Colmenarez

(Erin Hanson)

Jueves en la mañana


a L.Z 

Hay en tu silencio algo definitivo
y no concibo el futuro.

Tus pasos
Iluminarán una casa distinta
                                                              desconocida 
sin memoria
que la sostengan.

Cambiarán todos los nombres
la juventud será un trofeo
: hay en las promesas
              algo de fantasía:
                                        lo imposible
                                                     sigue siendo
                                                                  un escalón :
Un café enfriándose en la mesa
              que seguirá vacía.



*


Trastorno delirante tipomixto


“Amor, esta ciudad ya no resiste la ira de Dios”
Álvaro Montero

Yo que sigo tu palabra digamos
al pie de la letra
continúo entre la duda y el tormento

¿Hasta cuándo, Señor, me seguirás olvidando? 

Puedo llamar Jerusalén a
cualquier tierra árida por
cuyo nombre aun goteen
las cenizas.
                       
                       Yo sigo tu palabra (                    , me fui para olvidarme de cada calle
                                     pacto: habla del desamparo
                                     pacto: habito entre las bestias del aguacero), Señor volví:
en esta casa somos más de 3 no
apareces oigo tu voz y no
apareces.

El doctor me receta el silencio. 

¿Hasta cuándo el enemigo me seguirá dominando?
Afuera nos aguarda el cólera que
se llevó a Macario

el fin está cerca lo ha
estado otras veces

te hemos elegido entre las promesas                                   a ti más que ciudad eres
reserva
                                                                                                      a ti más que ciudad eres omisión 
a la que llaman reposo y no dejan tranquila
              desde el nacimiento del sol hasta donde se pone

Vamos a enterrar la voz tal como nos 
recomendó el doctor
para que al salir no resulte tan extraño cada paso el
sonido de la cabeza contra la pared el grito de los
últimos días
el pedir pedir pedir un nombre que no me recuerde al río porque también es abandono acá dentro me han enseñado que no existes señor que tengo de madre una avenida larga que mis palabras no soportan los desastres que de noche está bien perderse que debo mantener la compostura y fingir la huida porque yo tan solo yo puedo caminarte entre el desprecio.


Ramón Colmenárez (Carora, 1992)Eterno estudiante de psicología y participante del taller de poesía de la Casa de Letras Andrés Bello. Sus textos han sido publicados en diversos portales literarios y en las antologías Doce con Doce: Antología de la novísima literatura larense, y Anónimos 2.3. Obtuvo mención honorifica en el I Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas (Venezuela, 2016) donde posteriormente es publicado en la antología del mismo nombre.

Estudio de lo visible: Poemas de Mariano Peyrou

(Lorien Sequera)

DESPUÉS DE LA FELICIDAD NO HAY NADA

Poco más que este conocimiento,
inútil porque no se puede transportar.
Días y el descuido que asociamos
con la generosidad. Varias maneras de medirlo:
con alfileres, con nombres propios, con días.

La fidelidad es amplia y mal iluminada,
sobresale lo obvio, importa
lo indemostrable. Sería bueno que dieras tu opinión.

Salimos de viaje,
vamos a improvisar conversaciones, llegarán fotos
de algunos de los otros países,
fotos inocentes y dañinas que alteran
nuestros rasgos actuales.

Yo también creo que funciona
exactamente así, hablando de otro tema o
cambiando de emisora como si no te interesara
y entonces aparece sobre un escenario
igualmente mal iluminado.

El último podría faltar. Ganaríamos
un cuarto de hora y tal vez se lograra
evocar un estado de ánimo parecido.
Sereno, occidental, entre las plantas.


*


LA ESCUELA DE VENUS

Todo empezó con la visita de un hombre
que contaba anécdotas de tortugas y tiburones,
de islas tan distintas de las que yo
conozco. En la embajada se estaban
poniendo nerviosos. El futuro tira
con tanta fuerza como el pasado
y no es menor su carga de melancolía,
lo entenderás durante el próximo eclipse.
Pronto oiremos la última
llamada para los pasajeros.

¿Y entonces qué harás, si no
puedes seguir mirando desde el fondo
de la fiesta, protegida
por el ritmo y las luces de una celebración
no sentida, entre gente que te conoce
pero no sabe o no puede corresponder
a tus deseos, mientras las otras
van saliendo, siempre en orden?


*


LA IMPOSIBILIDAD DE MENTIR

También eres un huérfano aunque nadie
haya muerto, llevado sin esfuerzo
por la marea de las noches cotidianas
hasta un desierto de arena verde y rosas
blancas, donde tiras al suelo
lo que por el día abrazas, en un intento
de avanzar contra la costumbre.
Se trata sólo del tiempo perdido.

Lo malo es la selección de la memoria;
las llamadas de la tarde siempre son
más frívolas y pueden dejar esa
sensación de soledad, como después
del cumpleaños, cuando sucedió lo mejor.
Para ti sólo hubo dulzura,
pero estábamos dibujando un abismo.
Lo recuerdo con demasiada
frecuencia, es mi único secreto.

Al final me mantuve despierto
en el salón, a la espera de alguna señal
de reciprocidad, mientras una cúpula
se alzaba sobre los nombres,
molestos y estimulantes, que tenía
en la cabeza. Por eso no es simétrica.



*


HE TRATADO DE SER LEVE

Subo y abro la puerta, estoy
muy inspirado. Aquí
falta algo. Es mediodía,
no tengo ganas de seguir
con el recuento. Los marineros,
los antiguos cazadores, una bizca
preciosa que escapó en el último
escalón, todos sabían manipular
sus barajas. He tratado
de suavizar mis tendencias naturales.
Un animal infalibre espera que suene el disparo.
En lo más alto, comienza la carrera.


*


PARQUE

Tienes razón: los besos al sol
son diferentes. Hay para todos
los gustos, sobre todo porque los gustos
se desarrollan a partir de lo que hay.
Pero habíamos prometido abandonar
estos análisis.

Estaba pensando en la muerte.
Pasa un hombre muy satisfecho
con sus juguetes, sin hacer preguntas.
Y ahí brillan unas jóvenes
transgresoras, un instante,
antes de desaparecer.


*


ESTUDIO DE LO VISIBLE

Cuando por fin llegué, nadie
me esperaba, pese a todas las promesas
y a la necesidad de constatar que hablaríamos,
de ahí en adelante, un idioma común.
Pero al menos me dejaron un manual de instrucciones.

Mañana habrá mercado, puedes dar
una vuelta y conseguir libros baratos; no
hay mucho que leer, nos basta con que vengas
todos los días y consumas algo
en la cantina mientras recuerdas un
episodio divertido de tu adolescencia
o comienzas a inventar un futuro que no tendrá,
eso debo advertirte, nada que ver. Los días
soleados, tres y cuatro años después,
saldríamos a mirarnos a la terraza, con las
tazas calientes en la mano, suspendiendo
por un rato el deseo de estar en otra ciudad.


Mariano Peyrou (Buenos Aires, 1971) . Licenciado en Antropología Social, músico y poeta español, es autor de los libros de poemas La voluntad de equilibrio (Fundación María del Villar, 2000), A veces transparente (Bartleby Editores, 2004) y La sal (Pre-Textos, 2005).  En Argentina se han editado dos antologías de su obra: De las cosas que caen (Bajo la luna, 2004) y La unidad del dos (EDUCC, 2004). Los textos aquí seleccionados pertenecen a Estudio de lo visible (Pre-Textos, 2007).

Siete poemas de Karla Castro. Selección de Tiempo añil

(Alejandra G. Remón)

Homeless

Mi casa
no aparece en los mapas de Google
nadie sabe cómo llegar

Esta casa juega conmigo a la gallinita ciega
esconde la ropa          mueve las paredes
pierde las llaves

Es un feudo que se resiste
me odia
confina a esta grulla a no tener nido.


*

Este labial no me viene bien hoy

tal vez un árbol
                               y algo de cuerda.


*

Primer fantasma

Los fatigados duendes esta vez
                                 no ocurren
se inmola la infancia

Qué sorpresa sufrirse por primera vez desolado
escuchar como tiembla el coraje
el odio recién descubierto
un primer asco

El aire muere
                                 endurece la respiración

Dónde hallar un sitio para asir la mirada
con estos primeros ojos sin gastar

Me urge encontrar un río
lavar los primeros pasos.


*

Ya lo decía mi madre:
                       No les temas. Si les temes, vendrán por ti
y de tanto temerles las brujas entraron
me cuecen
en sus mesas engullo dedos de niños

Madre:
estas brujas me poseen
se sientan a mi siniestra mientras me susurran conjuros
me entregan al macho cabrío.


*


Objetos

Esta es mi cabeza
donde sólo una certidumbre sobrevive:

                   el deseo intransigente de estar en otra parte


Este es mi brazo
que por su cuenta
                    renunció a ser ala.


*


Sentencia

Van cuatro días
respiro agujas

La enfermedad
ha monopolizado mi agenda

Quizás quebré las leyes

Me consumo
juvenil y bueno

Soy
           un niño sin esperanza.


*


Veía el mueble de la sala
pesado y estático
pensaba cuán resignado era
él y yo
          la misma cosa

Derrotada
no es Dios quien me vence
sino algo que no puede detener el tiempo.


Karla Castro (Valera, 1985). Psicóloga clínico y escritora. Autora del libro Tiempo añil. Algunos de sus textos pueden encontrarse en las antologías Cien mujeres contra la violencia de género; 102 poetas Jamming y en diversos portales literarios. Actualmente reside en Caracas donde ha participado en varios festivales de lectura.

Tres poemas de Julio Tizzani

(Elicia Edijanto)


Seguí una hilera de hormigas que me llevaron hasta el bosque Aokigahara. Al principio quería ir sobre la espalda de mi madre, a la que robe el puñado de cruces para protegerme del asedio de las brujas. Caminé siguiendo los pasos de mis pasos. Me transformé en árbol y me aplaudieron. Me talaron para que mi memoria no se esparciera ni nunca nadie vuelva a ver mis rasgos o mis gestos. Mis manos son raíces que con torpeza resquebrajaron la tierra.  Mis manos con torpeza reclaman la soga. A mi madre le pedí la herencia, se acercó a mi oído y me susurró que la sumisión es un arma, me dio la espalda y antes de morir me bendijo con veneno. Este bosque es mi herida, un sangrado de epitafios. Ahora me preguntas quién se ha llevado nuestra casa. Tengo la misma edad que tú mamá. Ayúdame a despertar de esta muerte que siento. Venimos de una estirpe que se niega a salir del ritual de la sequedad. Y que tiene la palabra divorcio en la punta de la lengua.


*

Hay vivos que deletrean, hay vivos que hablan tuteándose y
Hay muertos que nos tutean,
Pero uno no sabe nada.
En la mayoría de los casos, uno no sabe nada.
Juan Sánchez Peláez


Tengo dos semillas que me dio mi padre
Las guardo debajo de mis párpados
Van en sentido retrógrado hasta volverse una célula imprecisa
He sido obligado a respirar despacio
a torcerle el décimo tercero lazo a la muerte
Mi soledad es un mundo de pájaros
Tengo la tercera costilla rota
La atmósfera me aplasta
La delgadez me acuna
La inmortalidad no se ha llevado mi memoria
Mi raza esta diluida en pena
El hilo de mi descendencia me sigue desde lejos
Nací en aquelarre
Leche negra me fortificó
No hago más que gritar augurios
No puedo caminar erguido, no puedo
Mi hermana fue concebida en luna menguante
Mientras a mí me criaban los lobos
Mi sendero no es claro, está tibio
y la sumisión me congela.


*

Kumiko

Observa el tránsito en una cuidad constipada
un ser aleatorio que mendiga
puesta la crudeza sobre la mesa
¡Kumiko! mi amiga Kumiko me saluda desde su altar
es necesario existir a tientas
todo será precario para la venganza
nada estará perdido
si permanecemos muertos.


Julio Tizzani (Falcón 1990). Médico cirujano residente de anestesia. Ganador del tercer lugar del Concurso de Microcuentos del diario venezolano Nuevo Día. Ha participado en numerosos recitales poéticos en Venezuela.